"Alec, hay que reconstruir Chile", le dijo por teléfono Andrés Zauschquevich, entonces Vicepresidente Ejecutivo de la Corporación del Cobre. Era un día de noviembre de 1973 y Alexander Sutulov se encontraba en su hogar en Salt Lake City, a donde había llegado en agosto de 1970 invitado por la Universidad de Utah como catedrático de Metalurgia Extractiva y Economía Minera e investigador del Centro de Estudios de la Minería. Tan rápido como pudo, hizo sus maletas y la familia completa regresó a Chile. Cuando su señora, Consuelo Baeza le preguntó en qué condiciones volvía al país, le dijo sencillamente: "en este tipo de circunstancias esa pregunta no se hace".
Así era el ingeniero Alexander Sutulov, formado en la disciplinada escuela militar rusa de Bileca, por una elite cultural en el exilio. Ruso de corazón, nacido en Yugoslavia por obligación y chileno por adopción, en su vida y en su profesión fue siempre un "kazak", lo que en ruso significa hombre independiente. Quizás por eso mismo, gozó de respeto, prestigio y admiración tanto nacional como internacional. Y como buen cosaco, fue siempre una persona libre, convencida de lo que hacía, incansable en su aporte al desarrollo de Chile y valiente para exponer sus ideas, sin importar el color político de quien estuviera delante. Rigió su vida por lo que creía correcto y no por lo beneficios que pudiera obtener y siempre creyó en la capacidad del ser humano de construirse a si mismo, valorando ante todo la libertad personal.
Para entender su personalidad hay que remontarse a la historia de ese enorme país, conformado por distintas etnias y culturas donde había que ejercer algún tipo de identidad. Los Sutulov eran auténticos cosacos que venían de Novocherkask, a orillas del río Don. Siempre fueron libres; también históricamente, siempre defendieron las fronteras del imperio y constituyeron la elite de la caballería. El tatarabuelo de Alexander Sutulov, Piotr Sevastianovich Sutulov fue condecorado por Catalina La Grande en las célebres campañas de Suvórov contra los turcos y los polacos; Catalina II lo honró con tres órdenes y le confirió el título de nobleza hereditaria. Tiempo después como parte de las tropas de Plátov, su regimiento participó en la batalla de Borodinó y persiguió al ejército de Napoleón durante su retirada de Maloyaroslavets a Smolensk, y después al río Bereziná y Niemen. Su padre fue un militar brillante formado en el colegio de caballería de Nikolayevskoye en San Petersburgo (primer rango 1902) y Jefe de la Guardia de Palacio durante el reinado del Zar Nicolás II. En vísperas de la Primera Guerra Mundial partió al frente de batalla; a su regreso, y cuando el germen de la revolución ya se había sembrado tomó el mando del ejército blanco, convirtiéndose en uno de los principales generales en la pelea contra los bolcheviques. Cuando la caída del zar y el control de los comunistas eran inminentes -como una estrategia- emprendió la retirada y se afincó con sus tropas y otros muchos civiles refugiados en Bileca, un pueblo croata cedido por el rey Alexander I de Yugoslavia (1921-1934), quien simpatizaba con la monarquía rusa debido a que parte de su educación fue en ese país.
Es en Bileca, Yugoslavia, donde en 1925 nace Alexander Sutulov Popov. Hijo único del Director de esa Escuela Militar Rusa en el exilio, fue educado por destacadas personalidades académicas, científicas e intelectuales que habían buscado refugio en ese país. La disciplina y el rigor formaron parte de su educación y marcarían para siempre su vida profesional. Como no hubo retorno a Rusia, todos estos rusos exiliados se fueron diseminando por el mundo y muchos llegaron a Belgrado, entre ellos los Sutulov.
Cuando a fines a de la Segunda Guerra Mundial entró a Yugoslavia el ejército rojo, reclutó a todos los ciudadanos rusos, entre ellos a Alexander. Se vio obligado a luchar por el bando soviético y llegó hasta Berlín; y lo hizo, porque independiente de las consecuencias de que esta aventura le pudiera acarrear, más que lo ideológico, primó en él ser un ruso. Así comonunca entendió como no fusilaron a su padre, si comprendió que Siberia, a donde querían enviarlo, era el fin. Con un oficial se consiguió un salvoconducto y retornó a Belgrado en pleno apogeo del Mariscal Tito, con el objetivo de ingresar a la universidad. Dejando de lado el subjetivismo de sus dos pasiones -la historia y la economía- estudio Ingeniería Química e Ingeniería Metalúrgica, recibiéndose con distinción en ambas carreras en 1950. Su memoria fue la 001, correspondiente al primer egresado después de la guerra y trató sobre el tema de la flotación. Fue tal el impacto que causó su estudio, que lo nombraron miembro de la Academia de Ciencias de Belgrado. Ahí empezó su carrera profesional, orientada a la investigación en el área de Electrometalurgia del cobre y desde ese momento, toda su capacidad intelectual -de por vida- estuvo dedicada a ese metal.
Fue su fascinación por el cobre, la que también lo trajo a Chile. Porque no era fácil para un ruso no comunista vivir en la Yugoslavia de Tito. De un día para otro, el mariscal dio 48 horas para que los rusos evacuaran el país y los Sutulov se embarcaron en los enormes convoyes esta vez rumbo a Trieste, base de las tropas aliadas. En el campo de refugiados trabajó de fotógrafo, lavó autos a los oficiales norteamericanos e hizo todo tipo de cosas antes de lograr ubicarse como ingeniero. Fue ahí y cuando postulaba para emigrar a Estados Unidos y Canadá, que un conocido inglés le recomendó Chile, "porque ahí estaba el futuro de la minería en el mundo". No lo pensó mucho porque en Yugoslavia había oído hablar muchas veces de Chile, "un lejano y hermoso país, donde tantos compatriotas habían emigrado, formado familia y sellado sus destinos".
En 1955, a bordo del barco Américo Vespucio llegó a Valparaíso; al poco tiempo era contratado por la Braden Copper Company para trabajar en El Teniente, específicamente en Sewell, como Jefe de Investigaciones Metalúrgicas de esa empresa cuprífera. Sus estudios e investigaciones hicieron historia en nuestro país, como un estudio de los yacimientos, donde todos sus pronósticos -hechos a 15 y 20 años- se cumplieron tal cual él lo había calculado. En Sewell también cumplió su sueño y como otros inmigrantes, formó su familia. Se casó con Consuelo Baeza y tuvo a su hija Claudia.
Como conocedor de la minería y visionario que era, Alexander Sutulov ya veía en esos años que la nacionalización del cobre era un paso obligado y su gran preocupación era que en Chile no existía la carrera clave para esa transición: Ingeniería Metalúrgica. Su gran amor por el estudio, la investigación aplicada y la docencia lo impulsaron a aceptar la proposición del entonces Rector de la Universidad de Concepción David Stitchkin, trasladándose en 1960 a esa casa de estudios como profesor titular de la Escuela de Ingeniería y Jefe del Departamento de Beneficio de Minerales. Con su extraordinario dinamismo y apoyo financiero de la Braden, la Ananconda y la Kennecot creó la carrera de Ingeniería Metalúrgica, quedando como jefe de esa área. En Concepción nació su hijo Alexander.
Por sus grandes cualidades docentes e infatigable labor, en forma paralela a su acción en el Departamento de Metalurgia, fue nominado Director del Instituto de Investigaciones Tecnológicas de esa Universidad. En ese tiempo la universidad estaba bastante politizada -fue cuna de la izquierda- Sutulov jamás discriminó a sus alumnos por sus tendencias; al contrario los alentó y estimuló a desarrollarse profesionalmente, debatió con ellos, los confrontó y valoró siempre el accionar recto a pesar de las diferencias. Así también se ganó su respeto. En 1970 aceptó la invitación de la Universidad de Utah y empezó una prestigiosa carrera internacional. A los pocos meses creó la revista "Intermet Bulletin", que después de transformaría en su razón social y con la que se dio a conocer el mundo minero. Para muchos, Sutulov fue El Profeta o Mister Moly -por su famosa enciclopedia del molibdeno- y pocos saben que en 1973 vaticinó la caída de la Bolsa de Nueva York debido a la crisis del petróleo, en la cantidad exactade puntos, con un año de antelación y errando sólo el tiempo en una semana. Cuando le preguntaron cómo lo hizo, con su típico y marcado acento señaló: "Porque economistas siempre anhelan ser ciencia exacta, pero no lo es, nunca lo ha sido y nunca lo será. Para entender economía minera, que es base de economía mundial, hay que entender naturaleza del hombre…".
No le fue fácil entender el proceso de nacionalización que se llevó a cabo en nuestro país. Primero tuvo un enfrentamiento de convicción con quienes dirigían las empresas -sus amigos norteamericanos- previo a la nacionalización, para que permitieran a sus alumnos entrar a las minas y empaparse de la realidad nacional; luego, rápidamente se percató de cómo la política llevó a la nueva administración estatal a un mal destino. Y su mayor preocupación fue qué hacer para salvar a Chile de esta situación.
Tuvo la oportunidad de colaborar en la reconstrucción y desarrollo de la industria minera desde su cargo de Director de Planificación y Desarrollo de la Corporación del Cobre, a donde llegó en abril de 1974. Luego, entre los años 1976 y 1979 fue Director Ejecutivo del Centro de Investigación Minera y Metalurgia (CIMM), destacando los años siguientes a nivel mundial, como Consultor en Economía Minera.
Autor de varias decenas de libros y estudios de mercado en castellano e inglés -donde destacan Flotación de Minerales, el Cobre Chileno y la International Molybdenum Encyclopaedia- y de cientos de artículos técnico-económicos publicados en las más afamadas revistas de América y Europa, el legado de Alexander Sutulov es innegable. En Chile su huella es profunda; muchas generaciones de ingenieros han estudiado y aprendido con sus libros, sin contar los que fueron sus alumnos, que hasta hoy recuerdan sus enseñanzas. Recuerdan también su humildad, su lenguaje coloquial, porque para Sutulov, cualquier conocimiento tenía que ser transmitido en un lenguaje comprensible.
Miembro del Instituto de Ingeniero de Minas desde 1960, a partir de 1961 perteneció al American Institute of Mining Metallurgical and Petroleum Engineers, que le otorgó en 1972 el título "Henry Krumb Lecturer" por sus meritorios servicios al Instituto, la profesión y la industria. En 1987 la Universidad de Concepción lo nombró Profesor Emérito. En 1988 el Instituto de Ingenieros de Minas de Chile le concedió la Medalla al Mérito. Al momento de su muerte en 1991, Sutulov se encontraba asesorando a distintas empresas y a través de su Intermet Bulletin llevaba sus conocimientos al mundo minero.
En su memoria, se instituyó el Premio Alexander Sutulov, que entrega anualmente el Ministerio de Minería y distingue a investigadores que se hayan destacado por su contribución al desarrollo de las áreas de la geología, minería y metalurgia, sus pasiones de toda la vida.
Proyecto Mural Historia de la Minería Chilena
En mayo del 2004 se inauguró el edificio de Metalurgia Extractiva de la Universidad de Concepción, uno de los sueños pendientes de Alexander Sutulov. La concreción de este proyecto, marca un hito en los nuevos desafíos que constituyen la investigación minera metalúrgica y la formación de futuros profesionales de excelencia para la minería chilena.
En este edificio irá el mural Historia de la Minería Chilena, que a través de imágenes representativas, busca proyectar nuestro rol participativo en la economía minera mundial. Este proyecto, que data de 1998 y se planea inaugurar en el mes de julio de este año, ha ido capturando la visión de los protagonistas de la minería nacional tanto en el sector público como privado. A cargo de la obra está Alexander Sutulov Baeza, reconocido internacionalmente por sus incursiones en el arte digital y para quien esta obra significa continuar la labor iniciada por su padre. "Tengo una responsabilidad hacia la minería, a la que estuve ligado desde mi nacimiento. Mi padre siempre me transmitió, que no era posible que Chile -un país con antecedentes de historia minera- no tuviera una obra que la representara".
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